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30 de julio de 2017

Seleccion Terror - El Descuartizador

Carrados, Clark

La señora Edwards había visto en sus bien conservados cuarenta años muchos fenómenos meteorológicos, entre los cuales, por supuesto, figuraba la lluvia, pero nunca había visto llover lo que aquel mediodía llovió en su jardín, cayendo de un cielo sin apenas nubes. 

De pronto, algo cayó de las alturas y se estrelló con sordo «chap», contra la hierba del jardín. El caniche ladró de nuevo. Luego se acercó a la cosa caída del cielo, la husmeó y volvió a ladrar. Finalmente, se arriesgó a cogerla con los dientes, hecho lo cual, volvió junto a su ama y le tocó en una pierna con su patita delantera, para llamarle la atención.  

La señora Edwards volvió la vista. Entonces pegó un chillido que se oyó en cientos de metros a la redonda.  Tenía motivos para chillar. Lo que Potty sostenía entre sus colmillos era una mano humana, cortada a ras de la muñeca. Todavía había algo de sangre fresca en el sitio donde se había producido la amputación.

22 de julio de 2017

Selección Terror - El Negro Pájaro De La Muerte

Carrados, Clark

Estaba allí, sumido en el hielo, pero perfectamente conservado, como si no hubieran transcurrido en él un millón de años. Era un verdadero gigante, de más de tres metros de altura y, calculo, doscientos kilos de peso, pero de formas perfectamente proporcionadas. 

No había en las inmediaciones rastro de ninguna nave espacial ni de otro vehículo que pudiera explicar la forma en que el gigante había llegado a la Antártida.  »Me dio la sensación de que era un mensajero que llevaba la diadema para coronar a la reina de algún país fantástico. Casi más que diadema, parecía una mitra, aunque no estaba cerrada por la parte superior. Tenía forma ligeramente cónica, de unos cuarenta centímetros de altura, por las dimensiones suficientes para ajustar en un cráneo humano de tamaño normal. 

El número de piedras preciosas que adornaban el oro -si es oro aquel metal-, era incalculable, y formaban extraños dibujos, de gran belleza, como no se han visto jamás en ningún país de este mundo».  Una expedición a bordo del Attruk está navegando rumbo a un punto situado entre el Círculo Polar Antártico y el Polo Sur en busca de una diadema de un valor incalculable protegida por un ser gigantesco atrapado en un bloque de hielo desde hace más de un millón de años? 

21 de julio de 2017

Seleccion Terror - El Pozo De Los Horrores

Carrados, Clark

Ayudado por el criado, Hyames cambió de ropajes. Ahora vestía enteramente de negro, salvo un capuchón rojo, que le llegaba hasta los hombros, con dos aberturas solamente a la altura de los ojos.  Otro criado trajo un hacha de descomunal tamaño.  

Hyames la contempló con repulsión. El filo del hacha parecía el de una navaja de afeitar. La hoja media cuarenta centímetros al menos de largo por otro tanto de ancho. El mango era grueso, sólido, capaz de resistir los mayores esfuerzos.  ?Si quieres vivir, tendrás que matar -dijo el conde.  Agitó una mano y unas cortinas se descorrieron ante él. 

Hyames lanzó un grito al ver a la mujer semidesnuda, atada a un aspa de tronco, sujeto al suelo por la base y reforzado con otros oblicuos, que permitían mantener en alto el horrible patíbulo.  -Ahí está tu cómplice -dijo el conde, señalando a la sentenciada con una mano-. Su crimen de infidelidad ha sido probado y la condena es que deben serle cortados todos los miembros antes que la cabeza. ¡Tú serás el ejecutor de mi sentencia o morirás de la misma manera! 

20 de julio de 2017

Selección Terror - El Muerto Que No Murió

Carrados, Clark

Hace ciento noventa años, en 1784, un hombre llamado Arnold Rittringham fue ahorcado, acusado del asesinato de un convecino suyo, llamado Vince Corley.  Consiguientemente, Rittringham fue juzgado, sentenciado y condenado a morir en la horca. 

Los habitantes de East Valley lo encontraron muy natural.  Rittringham protestó siempre de su inocencia y aseguró que el asesino era otro, que también ambicionaba, no sólo la blanca mano de la viuda, sino sus extensas propiedades. Pero Milton Pearnell presentó a dos testigos, que juraron haber estado con él, tomando una jarra de cerveza, en la Taberna de las Tres Garzas, a la hora en que se había cometido el crimen.  

Rittringham, por contra, no pudo presentar ninguna coartada. Se sabía que había acosado a la señora Corley y que en más de una ocasión había manifestado su envidiosa admiración por las riquezas de su víctima. Además, encontraron su cuchillo de caza junto al cadáver de Corley. Fue más que suficiente para condenarlo a la horca. 

29 de junio de 2017

Seleccion Terror - Las Tierras Del Diablo

Carrados, Clark

Aquella cosa parecía andar, pero se arrastraba por las oscuras y desiertas calles de la aldea. O quizá andaba, pero parecía arrastrarse.  Todo era cuestión de matices y de las sensaciones visuales de los posibles testigos, pero, en aquellos momentos, la gente dormía en sus casas. Algún perro ladró, aunque nadie le hizo caso, solía acontecer a menudo y los ladridos de los canes ya no turbaban el sueño de los pacíficos habitantes de Nottyburn.  

La cosa parecía seguir un rumbo determinado. Su estatura era la de un hombre bien conformado, pero, en cambio, el volumen alcanzaba casi el doble. Su figura recordaba vagamente la de un ser humano: cabeza, brazos, piernas, ojos? y poco más. Sin embargo, la dificultad de sus movimientos era patente.  

O quizá caminaba despacio debido a que no deseaba turbar la tranquilidad nocturna de la población.  La cosa llegó al fin ante una casa, en cuyo rótulo podía leerse se vendía de todo. Una de sus manos -¿garra, zarpa, aleta-- tanteó la puerta. Estaba cerrada. Se acercó a una de las ventanas, escaparate más bien, y miró hacia el interior. 

12 de abril de 2017

Seleccion Terror - El Esqueleto Burlón

Carrados, Clark


Aura emitió un agudo grito: 
¡El vampiro! 

Clinton contempló el cuerpo que yacía en el féretro. Era el de un hombre de unos cincuenta años, vestido de frac y con una capa negra, de vueltas rojas, con un anillo de oro en la mano izquierda, en el que se veía una enorme piedra de refulgente brillo. 

El hombre tenía los ojos abiertos. Horrorizado, Clinton vio más todavía. 

Había un par de gotas rojas, como rubíes redondos, en las comisuras de los labios. Por encima del inferior, aunque no demasiado, asomaban las puntas de los colmillos superiores. 


31 de marzo de 2017

Seleccion Terror - Bajo La Ventisca

Carrados, Clark

Fuera, a diez o doce metros de distancia, una gigantesca sombra se movía con paso irregular, como desorientada en un terreno que le resultaba desconocido. Crest comprobó con asombro que medía al menos dos metros y medio de altura. La falta de visibilidad dificultaba la percepción de detalles. ¿Era un oso de dimensiones descomunales? 

Detrás de él, los perros ladraban desaforadamente. Aquel extraño ser captó de pronto la luz y se vino hacia la ventana. Instintivamente, Crest levantó la escopeta. Durante un segundo, divisó un rostro horrible, unas facciones que no eran humanas, pero que tampoco correspondían con los rasgos de un animal conocido. ¿Llevaba ropas el ser o era su propia piel lo que veía? 

De súbito, Crest oyó un grito a sus espaldas: -¡El monstruo, el monstruo! El ser dio media vuelta y, con velocidad increíble, se perdió en la oscuridad. Casi en el mismo instante, volvió a soplar el viento y su potencia hizo trepidar las paredes de la cabaña. Crest reaccionó y se volvió hacia la joven para preguntarle por las causas de su grito, pero, con gran sorpresa, se la encontró tendida en el suelo sin conocimiento.

Seleccion Terror - El Señor De Los Lobos

Carrados, Clark


De un modo literal, la llevaba a rastras por los cabellos, sin que, pese a los desesperados esfuerzos que ella hacía, pudiera librarse de aquella mano que parecía hecha de dedos de hierro. Los ojos del hombre brillaban demoniacamente, expeliendo destellos en los que se apreciaba al mismo tiempo una ciega cólera y una morbosa satisfacción. 

Ella era todavía joven, aún no había cumplido los treinta años, muy rubia y de agradable figura. En aquellos momentos, su cuerpo estaba cubierto solamente por un largo camisón blanco, que le hubiera dado cierto aspecto fantasmal en otras circunstancias.


13 de febrero de 2017

Seleccion Terror - Propiedad Del Diablo

Carrados, Clark

Transcurrieron unos minutos. El guía se detuvo de pronto. Todos los demás se detuvieron también y giraron para dar frente a las aguas del pantano. 

Creys se preguntó qué podría suceder. Boko trotó por detrás de ellos, sin duda para unirse a la cabeza de la procesión. Creys y Dinorah intercambiaron una mirada. Recuerde susurró él, mantenga la serenidad, pase lo que pase. Dinorah contestó con un imperceptible gesto de asentimiento. De repente, lo vio a la luz de las antorchas. 

Caine estuvo a punto de gritar. Pero logró contenerse a tiempo. Casi en el mismo instante, burbujearon las aguas del pantano. Algo horrible y sin nombre se movía en su interior, Dinorah sintió un escalofrío de terror.

11 de febrero de 2017

12 de enero de 2014

Seleccion Terror - Noche De Difuntos

Carrados, Clark

El excéntrico millonario Hyram W. Koldicutt ha fallecido y en su mansión se han reunido todos los herederos mencionados en el testamento, que incluye la siguiente cláusula para el cobro de la herencia: 


«Tras la lectura del testamento, se procederá al entierro del difunto, en el lugar ya señalado en el jardín. Los hombres cavarán la tumba, mientras las mujeres les alumbran con los seis cirios que hay en el túmulo. En dicho lugar están ya las herramientas necesarias para cavar la tumba, más la lápida con la inscripción correspondiente.» 

Pero ésa no será la única sorpresa del testamento que se inicia con las siguientes palabras: 
«He sido asesinado. Mis herederos, parientes en distintos grados, tienen prisa por cobrar su parte de herencia. Y cobrarán esa parte, desde luego, suponiendo que vivan para ello...» 
Tras finalizar la lectura del testamento, dará comienzo una noche de difuntos, muerte y horror.


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